FLASH HISTORIA DE LA MODA. CUANDO EL ARTE LIBERÓ DEL CORSÉ.

En el siglo XIX fue muy acusada la obstinación de algunos sectores por el cambio de los cánones encorsetados de la vestimenta femenina. Aunque se vincula a Paul Poiret con la liberación del corsé y a Coco Chanel y Madame Vionnet con la simplificación de sus líneas en la década de 1920, la industria lleva desde hace 150 años obsesionada por la búsqueda de lo natural, sencillo y práctico.

Más que de moda, se podría hablar en términos más apropiados de la anti-moda. De aquellas corrientes reformistas que se levantaron en contra de lo que se vestía a pie de calle. El corsé y las amplias crinolinas victorianas crearon la silueta idónea a la que tenía que adaptarse el cuerpo femenino desde edad temprana, una estética que acarreaba grandes problemas para la salud.

Por este motivo, se creó hacia finales de s. XIX la National Health Society, una organización que promovía un tipo de vestido más saludable e ‘higiénico’.

A finales de s. XIX sería la cultura clásica, sobre todo la Antigua Grecia, la piedra angular de las diferentes disciplinas. Sobre el escenario, Isadora Duncan había revolucionado la danza envuelta en togas helenísticas y León Bakst se había inspirado en Grecia para tres de sus obras con los Ballets Rusos que triunfaron en París. Sobre el lienzo, los pintores William Godward, Albert Joseph Moore, Frederick Leighton o Lawrence-Alma Tadema recreaban escenas costumbristas de Grecia. Con influencia propia en la vestimenta a Tadema se le conocía como el artista de “Victorians in togas”, y contribuyó a que se pusiesen de moda entre las norteamericanas unos vestidos que llevaban su nombre, las “togas Tadema”.

En esa propia representación, la forma de vestir a las protagonistas de sus cuadros resonaría con eco en los movimientos artísticos posteriores. Porque el vestido prerrafaelita se desvinculó de tal modo de la moda del momento que acabó por recibir esa especie de nombre propio. Sin pretensiones reformistas, sus características formales se alineaban con esa búsqueda de la naturaleza: diseños que en vez de constreñir, abrazaban la cintura con siluetas liberadas y fluidas, rechazando el corsé. Frente a las mangas estrechas y de hombro bajo de la vestimenta habitual, la del vestido prerrafaelita tenía una manga amplia, que permitía, como el resto de la prenda, la libertad de movimiento. “Ningún vestido puede ser bonito si es rígido. Por eso debe tener drapeados”, decía William Morris, uno de los máximos pensadores y artistas de la época, que tenía una preferencia especial por el siglo XIII.

Os dejo una selección de mis pinturas favoritas prerrafaelitas vistiendo togas helénicas maravillosas.