FLASH ICONOS DE MODA. CUANDO LA MUJER PRERRAFAELITA REVOLUCIONÓ LA MODA VICTORIANA.

No es muy común encontrar una única imagen que simbolice todo un movimiento artístico de la manera que lo hace la imponente mujer prerrafaelita. El término «prerrafaelita» nos evoca imágenes de criaturas altas y esbeltas, de tez pálida, cabellos sueltos, labios escarlata y expresiones melancólicas. Las representaciones de estas modelos y musas, que a menudo eran las mujeres o amantes de los propios artistas, desafiaron los patrones de belleza victorianos y desencadenaron una gran controversia. Pero, más allá de enfrentarse a los estereotipos de belleza de la época, ¿ofrecían estos pintores la imagen de una mujer más moderna?

La forma de vestir de las protagonistas en sus cuadros, se desvinculó de la moda del momento. Sin pretensiones reformistas, sus características formales se alineaban con esa búsqueda de la naturaleza: diseños que en vez de constreñir, abrazaban la cintura con siluetas liberadas y fluidas, rechazando el corsé. Frente a las mangas estrechas y de hombro bajo de la vestimenta habitual, la del vestido prerrafaelita tenía una manga amplia, que permitía, como el resto de la prenda, la libertad de movimiento. “Ningún vestido puede ser bonito si es rígido. Por eso debe tener drapeados”, decía William Morris, uno de los máximos pensadores y artistas de la época, que tenía una preferencia especial por el siglo XIII. Los retratos de su esposa, Jane Morris, son un buen ejemplo ilustrativo. Y no solo en pintura: allá por 1865 el fotógrafo John R. Parsons la inmortalizó en el jardín de Rossetti llevando este tipo de vestidos más amplios (habituales en su día a día).

Cuando tres jóvenes pintores de espíritu alegre crearon la Hermandad Prerrafaelita en 1848, tenían el objetivo de transformar el arte inglés y alejarlo del rancio academicismo que consideraban que había brotado del arte de Rafael y sus seguidores. William Holman Hunt, John Everett Millais y Dante Gabriel Rossetti acudieron a la naturaleza para buscar inspiración estética y a la literatura para elegir los temas. En su misión de representar en un intenso realismo lo que habían visto anteriormente, evitaron una práctica habitual que consistía en juntar rasgos de caras distintas para crear una imagen idealizada, con ellos «todas las figuras prerrafaelitas, atendiendo a la expresión, son un retrato fiel de alguna persona».
En una etapa temprana del arte victoriano, a las mujeres se les dotaba de una imagen dulce y frágil que representara su condición humilde y sumisa: mejillas rosadas, rostros redondos y cuerpos maternales eran algunos de los requisitos obligatorios. Cuando los prerrafaelitas irrumpen en la escena artística con sus mujeres altas y esbeltas, de mandíbulas marcadas, amplias bocas y manos grandes, sus detractores ven en este arte una «alabanza a la fealdad y la deformidad». Si contemplamos en la actualidad estos retratos podemos percibir, gracias a las miradas directas y confiadas, la fortaleza y la seguridad de estas mujeres, como en el cuadro Mariana de Millais. Sin embargo, en aquel momento el público victoriano las observaba con espanto.

Respecto a las mujeres que figuraban en los cuadros, ¿encarnaban estas el espíritu tradicional que sus pintores promovían? ¿Acaso eran sus vidas más liberales? Las mujeres representadas eran de toda condición, desde prostitutas hasta hijas de ministros. A pesar de que algunas de ellas fueran artistas y gozaran de un talento que bien se podían igualar con el de sus famosos compañeros, está claro que sus logros han sido en su mayoría obviados.
De hecho, incluso hoy en día se sigue pensando que ellas aprendieron todo lo que saben de sus hombres. Por ejemplo, Elizabeth Siddal estudió en el Sheffield School of Art en lugar de recibir la formación de su marido Rossetti, según ha afirmado el hermano de esta.Esta artista impresionó a John Ruskin e incluso llegó a aportar obras para una exposición prerrafaelita. Otro caso es el de Jane Morris, conocida por su pelo oscuro y sus llamativos rasgos quien, a pesar de ser una bordadora muy destacada, recibió escaso reconocimiento por su papel en el movimiento Arts and Crafts (en español, «Artes y Oficios»), en el que también colaboró su renombrado y admirado marido William Morris.

En este selección de cuadros y Fotografias puede apreciarse la ruptura que supuso en la moda el nuevo concepto prerrafaelita en relación a la moda victoriana que imperaba.

Texto original en inglés escrito por Gillian Achurch

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